PETITES HISTÒRIES


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[TANCADA] PROPOSTA: VI Premio de Nanorrelato

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Vacaciones

Recuerdo el WhatsApp de Nuria aceptando mi propuesta de pasar unos días en la montaña, entusiasmado le contesté que la recogería a las ocho. Recuerdo el monovolumen azul en sentido contrario y mi desviación respecto el carril al levantar la vista del móvil. Recuerdo, tras reponerme, correr y ver el amasijo de hierro y cristales del que no salía grito ni quejido alguno, una maleta aplastada, unas chaquetas de punto algo más allá, un neceser infantil fuera de la calzada. Se me nubló la vista, se hundía el mundo bajo mis pies. Y ahora un abogado del turno de oficio me está explicando que estoy encausado por homicidio imprudente, que puedo ir a la cárcel varios años, que si lo entiendo. Lo que él no entiende es que esa será una pena temporal, pero el calor de mi infierno interior será para siempre.



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Juego de tronos?

Cuando se prendieron las cortinas de la cocina del ático pensé que se descubrirían los poderes de la vecina, pues solía estar cocinando a aquella hora y no era muy ágil para salir corriendo. Mamá siempre decía que sus hijos escupían fuego cuando hablaban y que lo arrasaban todo a su paso.

-¡Vamos! -gritó mamá.
-Espera, quiero ver cómo sale la madre de dragones.
-De cabrones, hijo, dije de cabrones.



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Dubte

Quan veig al papa em demana que me’n vagi amb ell. Jo no sé què fer. La mama diu que així, sense ell, estem millor. Ella sí, està més contenta, però jo el trobo a faltar. El papa era un bromista divertit amb mi. Les de la mama crec que eren bromes més pesades com fer-li la traveta, perquè abans queia moltes vegades per les escales i ara ja no.

He de practicar si vull anar amb ell. De moment només he aconseguit nyanyos al front quan ho he intentat. Potser ho he de provar a la mateixa paret per on ell apareix i desapareix, just on hi ha la gran taca vermella.



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Unas vacaciones maravillosas

Alberto veraneaba en un pueblo costero en casa de sus abuelos. Ese día, como tantos otros, se reunió con sus amigos en la playa donde se dedicaban a la construcción de elaborados castillos en la arena. A Alberto le encantaba excavar el foso. Se lo tomó tan en serio que siguió creando un túnel mientras los demás se fueron a por un helado. Llevando ya un buen boquete, aterrizó a su lado una gaviota blanca que se metió dentro diciendo: “¡Es muy tarde, es muy tarde!” y desapareció de su vista. El chico la siguió mientras le preguntaba: “Oiga, ¿no tendría que ser un conejooooo?”

Gaviota y niño cayeron por el agujero hasta llegar a un campo de anémonas y corales en el fondo del mar. En seguida Alberto buscó la botellita para beber, tenía ganas de probar la elasticidad de su cuerpo. Decepcionado al no ver ninguna pensó que le estaban estafando un par de capítulos cuando, unos pasos más allá, detrás de una especie de nube negra, escuchó una acalorada discusión. Al acercarse pudo constatar que la supuesta cortina negra era tinta. Un calamar, una sepia y un pulpo estaban debatiendo sobre quién de ellos obtenía el color más oscuro y no paraban de expulsar muestras para corroborar sus afirmaciones.

Alejándose de aquella cuadrilla para no acabar lleno de manchas quiso buscar la gaviota, quizá le podría responder a algunas preguntas. No tuvo éxito, ni rastro del pájaro. Lo que encontró fue una concha gigante y encima de ella una gamba pintándose las antenas, que le empezó a hablar: “Si levantas un lado de la concha…”

Sin dejarle continuar, iba a protestar ante tantos cambios sobre el guion esperado pero al intentar hablar de su boca salieron burbujas de distintos tamaños y, con impotencia, vio que solamente podía abrirla y cerrarla, abrirla y cerrarla.

El chillido de una gaviota lo despertó. Había refrescado y empezaba a bajar la luz. Alberto estaba solo en la playa.