PETITES HISTÒRIES


2 comentaris

Terra d’acollida

“Digue-li que si qualsevol cosa la fa sentir incòmoda, que ho digui, que alci la veu, que cridi. Potser on es trobi no entendran les seves paraules però sí que entendran la situació i l’ajudaran”, vaig esperar que la traductora acabés. Llavors vaig continuar mirant-la directament a ella. “El hijab que portes no ha de servir per tapar blaus com els que et feia el teu marit. Aquí no ho permetrem.” Els seus joves ulls assentien amb esperança. “De seguida començaràs un intensiu per aprendre l’idioma i així, el curs vinent, podràs continuar la teva educació on t’ho van fer deixar. Ja tens plaça reservada a l’institut del teu nou barri.”



Deixa un comentari

Jeanne

Las carreteras se hallan bordeadas por un rojo infinito bajo unos centímetros de tierra y asfalto. Rojo sangre, rojo vergüenza. En una guerra, como todas sin compasión, los chivatazos de verdades o mentiras los usaban las tropas del alzamiento para castigar a tantos que no encajaban en los estrechos márgenes de su palabra libertad. De un pueblo de la meseta castellana huyó un grupo, compañeros de sindicato, aterridos ante la mancha unicolor que extendían por las cunetas. A través de los bosques del Pirineo consiguieron cruzar la frontera, esquivando uniformes en un largo camino. No lo tuvieron fácil, pero lograron una nueva vida.

Juan, y con él Juana, se salvaron y en el exilio, de los dos surgió Jeanne. Juan buscaba la justicia social, perseguida sin tregua en su país, por la que siguió trabajando en Francia. Juana pudo salir en las noches de París, sin ese corsé que la oprimía dentro de Juan coleccionando silencios ahogados y comportamientos reprimidos. Adaptaron el nombre a su tierra de acogida, disfrutando por fin del aroma de la fraternidad.


[Enllaç al relat al blog d’ENTC]