PETITES HISTÒRIES


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Esa feroz devoradora

Quiero un abogado que defienda mis sueños. No acepto por respuesta a mi petición una inadmisión por improcedente: hemos de obviar los formalismos y llegar al fondo de mis necesidades. La encausada es la rutina. Sí, señoría, júzguenla, por implacable. Busco a un letrado que llame a testificar a mis ilusiones, aunque le cueste encontrarlas, aunque las tenga que localizar con ultrasonidos por mi yo más primigenio. ¿Qué les ha pasado? Les exigiremos responsabilidades. Y debemos destapar la caja de Pandora que acumula mis miedos, dejar que se vayan lejos, que no me contaminen más. Espero que se me concedan nuevas esperanzas para seguir con el día a día. Ahora ya es urgente. He de conseguir cuanto antes un fallo favorable en el tribunal de la vida. ¿Algún abogado en la sala?