PETITES HISTÒRIES

Seven

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Él es el único culpable de todo. Murió por pecar y pecando murió.

La soberbia fue primero. Creerse tanto siendo tan poco.
La envidia vino después: ¿por qué a éste le hacen caso y a mí no?
La lujuria le siguió. Fantaseaba imaginando veladas con sus compañeras de trabajo a la tenue luz de las velas donde atendían sus deseos más inconfesables. Tantas ocasiones se recreó con ello que no pudo controlar sus manos y empezó a rozar el pecho a varias de ellas en la oficina. Lo echaron.
Su ira no tuvo límites.
Pensó que de haber tenido dinero la respuesta habría sido distinta, así que resolvió gastar lo mínimo. Dejó el piso para ahorrarse el alquiler y se instaló en el coche.
Allí no estaba mal del todo. Al no tener que ir a trabajar eliminó los movimientos innecesarios y, cuando era inevitable, usaba el coche.
Atrapado por la gula en el asiento del conductor se alimentaba a base de comida preparada de baja calidad llena de grasas. Engordó sin límite. En su último desplazamiento ocupaba todo el espacio disponible frente al salpicadero. Y continuó engullendo hasta que su enorme panza bloqueó el volante. Se despeñó por un barranco al no poder trazar la curva.


Autor: M.Carme Marí

Twitter: @carme_tuit Blog: https://PetitesHistories.wordpress.com

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