PETITES HISTÒRIES


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Mozart

Obro els ulls. M’he adormit! És normal amb la immobilitat i la tensió acumulada. M’hauran vist?
Em rodeja la foscor, com abans. Ja serà de dia però no deu tenir cap finestra aquest soterrani.
Crec que els he despistat. M’asseguraré de no sentir res abans de sortir per si encara hi són, em puc quedar en aquest amagatall una estona més.
Ara que hi penso, hi feia una olor pútrida que ha desaparegut i el terra on jeia diria que era humit…
Merda! Sento passes. Provo de moure’m sota el llit on estic amagat però de seguida topo amb una paret. Al tacte, és com vellut…? I això que sona… són violins?



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Infancias

El pequeño Joshua incluso anhelaba que la señora Muttery le regañara tras las sábanas tendidas. Esos segundos los disfrutaba al pensar que nadie lo distinguía, sabía que allí era igual a los demás. No ocurría así en la escuela del pueblo, donde siempre ocupaba la última mesa, apartada en el rincón (y su madre aún podía dar gracias por ello).

Seguro que observaban la escena desde el extremo del patio y estarían viendo su silueta, intentando adivinar a quién reñía la mujer del doctor esa vez. En el autobús escolar, en cambio, no había dudas: él era quien se quedaba de pie junto a la puerta trasera.

Un día la reprimenda de Muttery, junto a los habituales reproches, le quiso mostrar que sus juegos entre la ropa secándose al sol también le costaban dinero:

-…¡Tendré que volver a frotarlo todo! ¡Y además gastaré más lejía para blanquear los tejidos!…

Una idea fue tomando forma en su cabeza. Ya ha ejecutado parte del plan. Hoy lo finalizará. Al volver de las clases, Joshua se sumergirá en el enorme barreño de hacer la colada llenándolo hasta arriba con las botellas de lejía que ha ido apartando las últimas semanas.


[Enllaç al relat al blog d’ENTC]