PETITES HISTÒRIES

El producto estrella

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Alfonso tenía un oficio envidiado por muchos. Era probador de almohadas. No creáis que cualquiera puede hacerlo. Se debe tener un cuello delicado, ampliamente entrenado, una sensibilidad especial en los hombros y una finísima detección de las alteraciones del descanso. A tenor de su opinión se habían desechado multitud de almohadas buscando una nueva factura que satisficiera su selectivo criterio. Pasado el primer filtro de los sentidos, de textura y composición, venían los tests más exigentes: los distintos ángulos de colocación, con inicio boca arriba y girando poco a poco para contemplar incluso las posturas más inverosímiles, y la estrella de las pruebas, como no podía ser de otra manera, el dormir con ella. El mínimo tiempo aceptable era una siesta de entre 20 y 30 minutos. Si descansaba toda la noche de un tirón, el producto salía al mercado con el sello de “calidad máxima”. Sólo una almohada se llevó la distinción “calidad suprema”, fue con la que durmió el sueño eterno.


—>> MICRORELAT GUANYADOR DEL CONCURS!!

Autor: M.Carme Marí

Twitter: @carme_tuit Blog: https://PetitesHistories.wordpress.com

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