PETITES HISTÒRIES


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Menguante

Rosario lleva la vida entera enganchada a un espejo, aunque cada vez de menor tamaño.

De niña, en clase de danza, aprendió la elegancia en el porte tras años de pliés y “relevés” mientras se observaba girando en esa gran pared que reflejaba sus movimientos.

Su abuela era modista, y de jovencita le encantaba coger retales que sobraban para improvisar vestimentas de todo tipo. Se paseaba mirándose en la puerta del armario de mamá con uno u otro color, con seda o lino, con mil combinaciones distintas.

Entre una cosa y la otra, y ayudada por su esbeltez, acabó en el mundo de la moda. Le daban los últimos retoques a su imagen en el camerino para salir a desfilar. Las pasarelas se abrían a sus pies, como lo hizo la cartera de un magnate de los negocios a cambio de que ella le abriera sus piernas.

El tiempo no pasa en balde y ese hombre con alta estabilidad económica tenía baja estabilidad emocional, además de ser rico en impulsos y pobre en autocontrol. Espejito en mano se esmera con el colorete para tapar lo inaceptable.

Últimamente aspira a hacer desaparecer unas líneas blancas de su brillante superficie.


[Enllaç al relat al blog d’ENTC]