PETITES HISTÒRIES


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En rodaje

Ella era como un cochecito acabado de armar. Recién colocado junto a la acera con su chapa de un azul sin estridencias, perfecto para una quinceañera. Preparado para iniciar su andadura, para darle cuerda y que empezara a circular, de momento ella sola pues seguía cubierto el asiento del acompañante.

Por su misma calle algunos vehículos avanzaban ligeros teniendo a los mandos a compañeras de pupitre. Otras de cursos superiores corrían incluso a velocidades de vértigo por la autopista. Pero ella no tenía prisa. Tiempo habría de acelerar y poner a más de tres mil revoluciones el motor. No quería quemarlo y precisar reparaciones, como algún caso que había visto.

Hasta el día en que un macarra de barrio la siguió volviendo del instituto y se encaprichó de esos ojos que eran como faros en la oscuridad, de esas curvas que ya marcaban su cuerpo, de ese brillo que ella guardaba para alguien de su futura elección. Sin compasión, el bracucón le saltó al cuello, arrancó la lona del copiloto y, forzando la llave con forma de un antifaz que no escondía sus intenciones, lo estrenó pisando a fondo el acelerador.

Desde entonces ella sigue en el taller.


[Enllaç al relat al blog d’ENTC]