PETITES HISTÒRIES


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Últimos pensamientos

Recorro su cabecita con mis membranosas manos. La transformación avanza sin tregua, irreversible. El conjuro surte efecto rápidamente: primero las extremidades, ahora lo noto en abdomen y pecho, acabará con la cabeza. Beso a mi amor, pensando que el próximo nos lo daremos siendo anfibios. Estábamos hechos el uno para el otro, pero la vida no nos sonreía. Éramos dos almas solitarias que no encajábamos en nuestros cuerpos. La creí cuando me dijo que viviríamos el amor pleno como batracios, que tenía una fórmula ancestral. Ya tarde, comprendo que sus sentimientos eran fingidos. Debí haber desconfiado al ver su colección de ranas disecadas.



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Un cop de mà

L’Ernest havia acabat la jornada de feina quan va sentir un soroll. No quedava ningú al taller, què havia estat allò? Alçà el cap de les eines que recollia i va notar una flaire estranya. Caminà entre els cotxes guiat per l’olfacte preguntant “A què olora?”. Una veu li contestà: “A fantasia!”. En arribar al racó del fons, es quedà bocabadat veient un conill blanc amb armilla traient el cap per un forat. “La Reina t’espera” digué mentre l’estirava de la solapa de la granota blava cap a dins del cau. “Què faaaaaas?”, va cridar quan queien. “El Rei de cors ha demanat un mecànic per resoldre el problema del transport. Les cartes han construït un vehicle per recórrer el camp de croquet usant bolets com a rodes però, quan hi puja la reina, s’enfonsen. Has de trobar una solució!” L’Ernest va contestar tot tocant terra: “M’he tornat boig?”. “Benvingut al club!” exclamà el conill, “I ara, quina resposta donem a la Reina per conservar el cap?” Continua llegint


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Poco más que un cronón

Ella todavía no tiene miedo porque no ha visto al hombre que, oculto en las sombras de un portal en esa calle desierta, espera a que se acerque una mujer. Cualquiera le vale. Los rayos de luz van menguando entre los edificios. Ella, a quince pasos, pone las gafas de sol en su funda del bolso. Él observa que lleva falda, mejor así. Ella, a diez pasos, saca el móvil y sonríe por el mensaje que acaba de recibir. Él admira su largo cuello y saliva imaginando cómo lo recorrerá con la lengua. Ella, a cinco pasos, guarda el teléfono en el bolsillo de la chaqueta. Él lanza una mirada furtiva a sus pechos voluminosos y nota que algo crece dentro del pantalón. Ha planeado al detalle los movimientos, lo ha hecho otras veces. El encuentro es inminente. Ya ha empapado el pañuelo de cloroformo para, en cuanto llegue a su altura, dormirla mientras la arrastra bajo las escaleras. En ese último paso es cuando ella lo ve y, entonces, durante una pequeña fracción de segundo, siente un miedo cerval.


[Enllaç al relat al blog d’ENTC]


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Prosant i trient

No sé què trinc, no sé què em prassa. Trot el dia estric igual, la grent no m’entrén quan m’adreço a ells, em mirren estrany. I rés que darrerament patreixo una curriosa altreració de la prarla. Estrà fora drel meu control. Abrans sempre escrivia les nostres inicials arreu, la seva erra i la meva jota, prerò des que ell em va dreixar que la seva erra se m’afregeix enmig dre les praraules sense resma.

Per cabrar d’arreglr-ho, qun vui he vrist a la pret de l’instritut el nom drel Roger ral costt del de l’Aridna, i un munt dre cors amb les lletres erra i a, encrar se m’ha complict més erl problem: les as em frugen! Esprero que la fse dre desmor em druri poc, perquè en cras contrri trindré greus dificultts de cromunicció.


—>> MICRORELAT FINALISTA DEL CONCURS!!


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Reclamaciones

En casa cada año ponemos un árbol de Navidad enorme, decorado con multitud de bolas, guirnaldas y figuritas. Ocupa el hueco de la escalera y la estrella que lo corona queda a la altura del desván, en lo que sería el tercer piso.

Al desmontarlo este mes de enero, quitando los adornos y plegando sus ramas, fue cuando apareció Pablito. Lo habíamos perdido de vista el mismo día 25, tras abrir los regalos dispuestos a los pies del abeto. Nos dijo que como Papá Noel no le había traído lo que le pidió, empezó a encaramarse por el árbol con la idea de encontrar el pasadizo secreto a su hogar en el Polo Norte, según nos habían contado nuestros padres. Mamá, muy enfadada, contestó que se dejara de tonterías y le explicó que, en realidad, ella era Papá Noel. Entonces Pablito exclamó:

–¡De haberlo sabido antes…! Desplegad otra vez las ramas. Me vuelvo con los elfos que preparan los paquetes a decirles cuatro frescas. Y, mamá, para la próxima Navidad te recomiendo que hables con tus empleados porque no todos son de fiar.