PETITES HISTÒRIES


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Últimos pensamientos

Recorro su cabecita con mis membranosas manos. La transformación avanza sin tregua, irreversible. El conjuro surte efecto rápidamente: primero las extremidades, ahora lo noto en abdomen y pecho, acabará con la cabeza. Beso a mi amor, pensando que el próximo nos lo daremos siendo anfibios. Estábamos hechos el uno para el otro, pero la vida no nos sonreía. Éramos dos almas solitarias que no encajábamos en nuestros cuerpos. La creí cuando me dijo que viviríamos el amor pleno como batracios, que tenía una fórmula ancestral. Ya tarde, comprendo que sus sentimientos eran fingidos. Debí haber desconfiado al ver su colección de ranas disecadas.