PETITES HISTÒRIES


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Historias aplicadas

Cuando en el bufete llevamos un juicio de los complicados nos toca investigar a fondo los recovecos de las leyes y salgo muy tarde. Pero siempre llego a tiempo de dar las buenas noches a mi pequeña, inventando una historia entre los dos cada día. Ayer empecé yo:

“Érase una vez un reino cuyas lindes se perdían en la lejanía, comprendían desde la arena de la playa hasta las montañas más altas del interior. Allí vivían muy felices porque…” Continuó mi hija: “…porque todos los habitantes podían ser en algún momento reina y rey, y además no se peleaban porque compartían sus juguetes que se guardaban juntos en un arcón gigante.”

“Sabes Anita, me tomaré la licencia de usar esta historia como introducción en la reunión sobre herencias antes de ir a juicio. Si consigo que se pongan de acuerdo te haré un regalo con parte de mis honorarios.”



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Adaptación

En el bufete soplan aires de renovación. Tras asistir a un seminario de marketing agresivo, los socios fundadores han decidido sentenciar al despido a los abogados de mayor edad. No se dan cuenta de que con ello pierden su valiosa experiencia, fuente de sabiduría y de líneas argumentativas para preparar las defensas de los casos. Por mi parte, y como previsión, he empezado a usar crema antiarrugas varias veces al día. Sorprendida, he observado que surte un potente efecto rejuvenecedor: ayer presenté un ejemplo basándome en Barbie y Kent y hoy, al acabar la reunión matinal, me ha salido del alma un “¡hasta el infinito y más allá!”. Quizá tendré que ajustar la dosis..



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Ifrit

Andrés, cansado de la sociedad actual con incontables juicios y demandas por la codicia humana, tuvo claro su deseo cuando le preguntó el genio de la lámpara: “Quiero ir a un tiempo en que los abogados no seamos necesarios”. Se imaginaba viajando a un pasado idílico, esperaba aparecer en un pueblo con el aire oliendo a especias, donde poder vivir en armonía con personas de buen corazón. Pero fue a parar al futuro, a un mundo saturado de aparatos electrónicos que lo controlaban todo. Era un régimen totalitario con tarifas para cualquier actividad, donde los ciudadanos no podían protestar ni reclamar justicia pues se había abolido el poder judicial. “¡No era ese mi deseo, Genio! ¡Quiero ser el abogado defensor de estos pobres infelices!” gritaba cuando sonó el despertador. Ese día Andrés acudió al juzgado con una sonrisa.



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Vacaciones

Recuerdo el WhatsApp de Nuria aceptando mi propuesta de pasar unos días en la montaña, entusiasmado le contesté que la recogería a las ocho. Recuerdo el monovolumen azul en sentido contrario y mi desviación respecto el carril al levantar la vista del móvil. Recuerdo, tras reponerme, correr y ver el amasijo de hierro y cristales del que no salía grito ni quejido alguno, una maleta aplastada, unas chaquetas de punto algo más allá, un neceser infantil fuera de la calzada. Se me nubló la vista, se hundía el mundo bajo mis pies. Y ahora un abogado del turno de oficio me está explicando que estoy encausado por homicidio imprudente, que puedo ir a la cárcel varios años, que si lo entiendo. Lo que él no entiende es que esa será una pena temporal, pero el calor de mi infierno interior será para siempre.



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Juicio a una menor (Microrrelato “tuneado”)

Se la acusaba de seducir a hombres rondando los cuarenta y, en medio de apretados besos y sobeteos, robarles la cartera. El abogado defensor le advirtió que veía muy difícil librarla de un internamiento y conseguir sólo servicios a la comunidad. “Me camelaré al juez”, decidió ella.

Hoy es el día de la vista. En su despacho el magistrado recibe una visita antes de la sesión y no puede evitar caer en sus redes. La lujuria le hará cambiar las dos balanzas por dos coletas, y la venda en los ojos se la pondrá él para algún que otro juego.


  • Microrelat “tuneado” preparat per a la VII Microquedada relatista 2017, a Valencia. Per fer un “tuneado” s’ha de posar el relat en un objecte. Aquí deixo unes fotos d’aquest:

         

[Enllaç al tuit sobre els relats “tuneados” de la trobada de València]


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Aprendizaje

“Te voy a dar una paliza, que te vas a enterar, moreno”, le decía a gritos un rubio ancho de espaldas a un hombre de color. “Ya puedes llamar al guardia, y denunciarme. Mi padre es el juez”. Fanfarroneaba. “Como siempre, van a desestimar la demanda”. El joven actuaba con total impunidad. Lo que él no sabía era que su padre, harto de sus hazañas, había accedido a un programa pionero de intercambio temporal de plazas en el departamento de justicia, para dejar de sacarle las castañas del fuego. Al día siguiente empezaba en su nuevo destino.



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Esa feroz devoradora

Quiero un abogado que defienda mis sueños. No acepto por respuesta a mi petición una inadmisión por improcedente: hemos de obviar los formalismos y llegar al fondo de mis necesidades. La encausada es la rutina. Sí, señoría, júzguenla, por implacable. Busco a un letrado que llame a testificar a mis ilusiones, aunque le cueste encontrarlas, aunque las tenga que localizar con ultrasonidos por mi yo más primigenio. ¿Qué les ha pasado? Les exigiremos responsabilidades. Y debemos destapar la caja de Pandora que acumula mis miedos, dejar que se vayan lejos, que no me contaminen más. Espero que se me concedan nuevas esperanzas para seguir con el día a día. Ahora ya es urgente. He de conseguir cuanto antes un fallo favorable en el tribunal de la vida. ¿Algún abogado en la sala?